Primero de diciembre, día de luto nacional
Héctor
Hernández Zavala / Verónica Adriana Vidaurri Villaseñor
Octubre
de 2012
Con mucha tristeza e impotencia se encuentra el
ánimo nacional, puesto que han asesinado a la democracia en México. En esta
ocasión, las elecciones federales y estatales se vieron afectadas por toda una
serie de anomalías que acabaron por destruir la credibilidad de las mismas,
credibilidad que ya se había visto menguada desde los anteriores procesos
electorales.
Nuestro país está secuestrado por la corrupción y
la impunidad. Es rehén de un grupo de personas encumbradas en el poder
económico y político, y fue ese grupo, el que recurriendo a diferentes
artimañas ocultas y expuestas a la luz del día, consiguió arbitrariamente
imponer a su candidato, Enrique Peña Nieto, en la presidencia.
Esta elección no se la robaron a López Obrador, ni
a Vázquez Mota, y menos a Quadri de la Torre. ¡No! ¡La elección nos la robaron a todos los mexicanos! La elección se
la robaron incluso, a los que votaron por el PRI. El voto, según la
constitución, es un derecho de todos los mexicanos, por lo tanto, su ejercicio
es una decisión libre e individual de cada ciudadano, y por ello, cada quien decide por quien votar y tiene la
opción de mantener su decisión en secreto o no. Sin embargo, en esta ocasión,
ese derecho, que es sagrado y debe de ser garantizado estrictamente en su
cumplimiento por todos los tribunales, fue pisoteado y violado de manera
recurrente y sostenida durante todo el proceso electoral por el candidato del PRI. Él, con el apoyo de ese sector de personas y
organizaciones con grandes recursos económicos y políticos, que controlan los
medios de comunicación, las grandes empresas, las instituciones financieras y
las dependencias e instancias de gobierno, logró comprar el voto de millones de personas
a través de despensas, regalos y/o sumas de dinero que iban en promedio de los 500 a los 2,000 pesos, y lo
consiguió porque se aprovechó de las fuertes necesidades económicas y el hambre
de esos mexicanos.
La compra de millones de votos que le permitió la
presidencia a Peña Nieto, significó para él y para todos aquellos que
generosamente contribuyeron económicamente a su triunfo, haber pagado 500 pesos
por 6 años de gobierno a cada uno de los mexicanos que vendió su voto, es decir,
pagaron a cada uno de esos mexicanos la cantidad de $ 6.9 pesos mensuales por
los 6 años que durará su administración ¿Creen que con esto les alcanzará a
esos ciudadanos para vivir sin empleo, sin oportunidades de estabilidad y progreso en este nuevo sexenio que como
muestra de lo que será inicia con una reforma laboral contra los trabajadores?
Esta contienda electoral presidencial no sólo fue
inequitativa e ilegal, sino que además representó la violación flagrante de la
Constitución de los Estados Unidos Mexicanos a partir de que el Tribunal
Electoral del Poder Judicial de la Federación reconoció como legales todas las
artimañas y trapacerías a las que recurrieron Peña Nieto, el PRI y el grupo de
políticos y empresarios cercanos a él, para ganar la presidencia, y con eso el
TRIFE, Peña Nieto y sus secuaces,
terminaron por destruir la confianza que aún le quedaba a las
instituciones.
A futuro, ¿cómo confiaremos en las nuevas
autoridades cuando ellas mismas nos muestran que no son honestas, que entre lo
que dicen y hacen hay bastante distancia? ¿Qué garantía tendremos de que harán
las cosas apegadas a derecho, cuando ellas mismas llegaron al poder pisateando
las leyes y la constitución? Por otro lado, si la política económica del nuevo
gobierno es continuar apoyando y creando programas que lo único que hacen es
mitigar las consecuencias de la pobreza extrema, eso ya no es suficiente, no
basta. Lo que se necesita es una política económica que solucione esos
problemas creando empleos dignos, bien remunerados y estables. También urge una
educación pública de cobertura nacional, que ofrezca desde educación básica
hasta superior a la población, y necesitamos un compromiso real de las
autoridades con la sociedad y no solo palabrerías.
México no puede seguir siendo un botín para los que
más tienen. Ante todo lo expuesto, hago una propuesta a todos los mexicanos que
están en desacuerdo con lo sucedido en esta elección presidencial. Iniciemos
este primero de diciembre, día de la toma de poder de Enrique Peña Nieto, una protesta silenciosa permanente que
consiste en usar un moño negro en nuestros hombros, en nuestros carros y en
nuestras casas, donde se lea lo
siguiente ¡LA DEMOCRACIA EN MÉXICO HA MUERTO!
No nos quedemos callados, denunciamos lo que sucede y nos lastima. Que
tenga presente Peña Nieto y los que lo acompañan, que no fuimos nosotros los
que destruimos la confianza en nuestras instituciones, fueron ellos los que en
su ambición del poder destruyeron todo.
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